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  • Entrevista en Diario SUR

    Archivado en Noticias por adehoces, 31 de Diciembre de 2008

    Los lectores de Diario SUR tuvieron a bien recomendarme para los I Premios SUR.es a las mejores iniciativas de Málaga en Internet. Hace pocos días el jurado me ha elegido como finalista en la categoría de mejor página web personal. Con motivo de la nominación hoy se publica una pequeña entrevista.

    El 15 de Enero se darán a conocer los ganadores. Mil gracias por vuestros votos.

    ¡Feliz año nuevo!

    Hemos tocado fondo

    Archivado en Columna en El Avance, Opinión por adehoces, 30 de Diciembre de 2008

    Artículo publicado en El Avance
    (cierre del anuario de 2008)

    El año 2008 será sin duda recordado como el año de la gran crisis. En años anteriores los bancos se habían estado estafando unos a otros con las hipotecas subprime y, como en el timo de la estampita, cuando finalmente el avispado comprador de duros a cuatro pesetas se quedó a solas y abrió el sobre de los beneficios descubrió que allí solo había papel mojado. La bola de nieve empezó a correr ladera abajo, se fue haciendo cada vez más grande, y acabó arrastrando consigo toda la economía mundial. Las consecuencias son de todos conocidas: inestabilidad, derrumbe bursátil, crisis alimentaria, y los gobiernos del mundo tratando de tapar el agujero de la economía privada a base de inyectar insultantes cantidades de dinero de los fondos públicos. De nuestros bolsillos, vaya.

    Siempre nos la meten doblada exactamente con la misma historia. Apelan a nuestra avaricia y nos ofrecen algo que hoy vale cuatro y mañana (aseguran) se podrá vender por cuarenta. Y picamos una y otra vez como pardillos. Áticos en el extrarradio, acciones de las puntocom, colecciones de sellos de Los Simpsons, etcétera. Pura y simple especulación; la misma estafa piramidal mil y una veces rebautizada. Al final siempre llega un punto en que la burbuja de precios hinchados no tiene más remedio que estallar, y toda la pirámide hace crack.

    Hasta hace escasos meses los defensores a ultranza de este fraude a gran escala que ha sido el capitalismo neoliberal (y que, como todo fraude, sólo puede defenderse por interés o por ignorancia) aún se atrevían a sostener que habían construido el mejor de los mundos posibles, y lo peor del asunto es que una parte considerable de la población se lo creía. Nos las prometíamos muy felices en nuestro dulce sueño de crecimiento exponencial. Pensábamos que todo el monte era orégano y que de verdad, de alguna forma, estos señores multiplicaban los panes y los peces. Pero llegó la hora de la verdad, que siempre llega, y pasó lo que tenía que pasar: unos pocos se lo llevaron crudo y a los demás sólo nos han dejado enormes deudas. Ellos se salvaron de la catástrofe con sus paracaídas de oro y a nosotros nos han dejado el mundo hecho unos zorros.

    De todas formas todo este desastre no deja de tener una lectura positiva: hemos tocado fondo y, exceptuando los casos de estupidez insalvable, hemos cobrado conciencia de muchos de nuestros errores. Hace escasas semanas no se podía mantener una postura de izquierdas y abogar por la regulación de los mercados sin que miles de cretinos envalentonados alzasen la voz para lapidarte bajo una lluvia de manidos clichés sobre las virtudes del neoliberalismo económico y el sueño americano. Una defensa acérrima que sólo puede explicarse por egoísmo y estrechez de miras. Es comprensible; ingresaban dinero sin esfuerzo y no se planteaban que todo giraba en torno al engorde artificial de precios de cientos de miles de viviendas que no se necesitaban y que en algún momento nadie se iba a poder costear. Hoy, millones de criaturitas han despertado del sueño húmedo americano y se han dado cuenta de que en realidad estaban solos en la cama y además se estaban meando encima.

    Este será también el año que vio marcharse a Bush, ese engendro estulto, reaccionario y caduco que tan bien representa a la podrida moral capitalista. Se fue el último de las Azores, el trío de pequeños dictadores que quisieron subirse a hombros de la historia y lo único que consiguieron es hacer de este mundo una vergüenza. Esperemos que ya pronto se apaguen los ecos de sus voces chirriantes y soberbias y dejen tranquilo al mundo seguir su nuevo curso.

    Afortunadamente, 2008 también será recordado como el año de la elección de Obama. Uno, que está acostumbrado a la decepción política constante y a que todo quede en bonitas palabras que se lleva el viento, no puede evitar plantearse si todo esto no será demasiado bueno como para ser cierto. Pero voy a darme el gusto de creer que, efectivamente, las cosas van a empezar a cambiar. Necesitamos desesperadamente renovar nuestras esperanzas. Aún queda un larguísimo camino por recorrer para hacer de este mundo un lugar mínimamente digno, pero voy a permitirme el lujo de pensar que al menos empezamos a apuntar en la dirección correcta.

    El panorama es desolador: Oriente Medio, el tercer mundo, el calentamiento global, Latinoamérica, por citar algunos de los grandes problemas del mundo de los que puede responsabilizarse en gran medida al imperialismo yankee. En un futuro inmediato me gustaría ver a EEUU retirarse de Irak, comprometerse a respetar el protocolo de Kioto, retirar su apoyo incondicional a la barbarie israelí, reducir drásticamente su consumo energético y su dependencia del petróleo árabe, retirar el embargo económico a Cuba… Ya es hora de devolver un poco de cordura a este mundo aquejado de la fiebre del dinero.

    Ahora el mundo expresa sus buenas intenciones, lo que no deja de ser reconfortante. Pero las buenas intenciones no bastan; no es suficiente con soltar una lágrima oyendo un discurso de Obama, cogernos de la mano y entonar el yes we can a la luz de las velas cual anuncio navideño de Coca-Cola. Tenemos que cambiar drásticamente de mentalidad y de actitud y recuperar nuestra conciencia política. El cambio empieza por nosotros. Tenemos que recuperar nuestros valores y dejar atrás la carrera de ratas; hemos vivido los últimos años en una vorágine de consumo compulsivo y derroche energético, creyéndonos mejores cuantas más cosas inútiles poseíamos e ignorando las drásticas consecuencias de nuestra locura colectiva. Nos habíamos convertido en unos horteras inconscientes capaces de cometer las mayores barbaridades con tal de mantener un tren de vida estúpido e insatisfactorio.

    Hoy más que nunca hay que arrimar el hombro. Hemos dado muchos pasos atrás y hay que recuperar el tiempo perdido. Aprovechemos el cambio de año para hacer firme propósito de enmienda y hagamos de 2009 el principio de una nueva vida. Recuperemos la humildad y la sencillez, dejemos atrás ese narcisismo caprichoso propio de la inseguridad adolescente, y maduremos de una vez por todas. Quizás no sea demasiado tarde.

    Luka es la esperanza

    Archivado en Columna en El Avance, Opinión por adehoces, 2 de Diciembre de 2008

    Columna publicada en El Avance el 28 de Noviembre de 2008
    (Versión impresa)

    Nos costó tres horas de coche llegar a la playa, la mayor parte del trayecto por un camino de tierra plagado de curvas. Íbamos charlando sobre lo mal que va el mundo últimamente. A pesar de que el coche temblaba con fuerza, Luka dormía plácidamente en brazos de su madre. Cuando finalmente llegamos a nuestro destino todos estábamos exhaustos menos él. Despertó riendo, se apeó del coche y echó a andar hacia la orilla.

    Allí no había ni rastro de civilización. Sólo estábamos nosotros, el mar y una espesa bruma blanca flotando sobre la arena. Espacio natural protegido, rezaba un cartel. Quedé largo rato contemplando el paisaje, maravillado. El Atlántico rugía profundo ante mis ojos, el viento se estrellaba contra las montañas volcánicas a mis espaldas, el sol se colaba por entre las nubes y yo cada vez me sentía más pequeño y más humilde. De pronto me avergoncé de pertenecer a esta raza humana tan ciega y tan cargada de odio, y sentí ganas de llorar por un planeta que muere a manos de nuestra mezquina insensatez.

    Me despojé de mi ropa y eché a correr por la orilla; apreté los puños y corrí desnudo por la arena hasta que me perdí en la bruma. Paré cuando la sangre empezó a golpearme las sienes; me lancé de cabeza al agua y me dejé llevar por las olas de espuma. Una y otra vez nadaba mar adentro, y una y otra vez las olas blancas me devolvían a la orilla y me dejaban tirado sobre la arena. A veces uno quisiera que el mar se llevase los sueños rotos, los malos recuerdos, la rabia, los demonios; a veces uno lo daría todo por olvidar que el mundo está condenado. A veces uno quisiera renacer y no puede.

    Una voz lejana que gritaba mi nombre me sacó del trance. De la nada blanca surgió una pequeña figura borrosa que corría hacia mí con los brazos abiertos. Era Luka.

    Tiene cuatro años. Es medio serbio y medio bosnio, pero nació bajo el sol de Canarias y ha pasado su corta vida jugando en la playa. Un buen día su madre decidió que quería empezar de nuevo, se armó de valor y abandonó Serbia. Aterrizó en las islas sola y sin saber español, y a base de mucho coraje y sacrificio consiguió construirse una vida. Luka nació poco después. Él es inmensamente feliz; así lo atestigua su mirada limpia y risueña. No sabe lo que es el odio, ni la guerra, ni la miserable condición humana. Aún no había nacido aquella mañana de Abril en que su madre no pudo ir a clase porque la OTAN bombardeaba Belgrado. Luka no sabe de los fantasmas que pueblan la memoria de su madre; ella mantiene a raya sus demonios detrás de una perpetua sonrisa. Luka ha nacido en un espacio protegido donde juega feliz y no conoce más que el amor.

    “¡Ehpérame, ‘Fredo, que te fuihte sin mí y aún no jugamoh!”, me dijo el pequeño con su peculiar acento majorero. Le cogí en brazos y nos metimos en el agua a jugar a los surfistas, y durante un rato volví a ser un niño inocente y despreocupado.

    Mas tarde tuvimos frío y decidimos regresar. Subí al pequeño a mis hombros y volvimos paseando por la orilla. Entonces me di cuenta de que no todo está perdido: Luka es la esperanza. A veces el coraje de una madre es capaz de sobreponerse a la barbarie y hacer resurgir la inocencia de entre las ruinas del odio. Luka es la humanidad renacida. Su madre quizás no lo sepa, pero ella sola ha salvado el mundo. Y es que sólo hay dos fuerzas en la naturaleza: el caos y el amor de madre, y una vez más el amor de madre ha ganado la partida.

    ¡Salvemos AlfredoDeHoces.com!

    Archivado en La columna, Opinión por adehoces, 10 de Noviembre de 2008

    Hermanos, es triste de pedir, pero más triste es de cerrar. Un cúmulo de desafortunadas circunstancias me obliga a pedir ayuda al más puro estilo 2.0 para no tener que cerrar este vuestro chiringuito. Son más de cuatro años juntos ya. Es mucho lo vivido, incontables los entrañables recuerdos, insuperables esas tardes lluviosas de domingo, esos largos paseos por la playa cogidos de la mano, vosotros y yo. Esta web no es sólo una web; es la santa casa que ha sido testigo mudo de nuestro amor. Y si tengo que cerrar, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

    Total, queridos amigos, que ahora os toca arrimar el hombro un poquito. Necesito reunir cuatrocientos mil euros en menos de dos semanas para salvar este proyecto. Si eres uno de esos suspicaces mal nacidos que piensan que me voy a quedar con la pasta, te diré que yo de los cuatrocientos mil no voy a ver un chavo. Yo no pido para mí, y eso que hace ya quince días que no como y sólo bebo agua del grifo. No, yo pido para poder pagar nóminas y cubrir gastos hasta la próxima ronda de financiación, dentro de cuatro meses. Pido para poder alimentar a este maravilloso equipo humano que con cariño y tesón hace posible cada día el milagro de esta web; esas personas que tejen mis escritos con la dorada sustancia de la que están hechos los sueños.

    Sí amigos, mantener AlfredoDeHoces.com cuesta cien mil euros mensuales. Si eres uno de esos ignorantes envidiosos que pueden llegar a pensar que cien mil euros mensuales son muchos euros, te diré que no tienes ni la más remota idea de economía ni de administración de blogs. Detrás de esta página hay un equipo de profesionales como la copa de un pino que trabaja día y noche para que todo salga bien. Redactores, correctores, entintadores, maquetadores, abogados, relaciones públicas, catering, maquillaje, vestuario, y uno que toca la pandereta. Todos ellos trabajando por amor a vosotros y al arte y cobrando el salario mínimo que les permita comer y dormir lo justo para seguir currando. El hosting tampoco es precisamente barato; no se si os habéis dado cuenta de que en AlfredoDeHoces.com se usan tecnologías punteras. Los textos se alinean automáticamente a la izquierda, y algunos posts contienen imágenes (¡imágenes!) en jpg. Todo este derroche de tecnología que día a día hace más interesantes vuestras vidas tiene un coste asociado. Pero claro, si eres uno de esos bastardos analfabetos sin experiencia en web 2.0, no puedes conocer los entresijos y pormenores de esta extremadamente compleja materia.

    Si eres uno de esos repugnantes peseteros capaces de argumentar que hay otros blogs muy buenos y además más baratos, es que te ciega la estupidez y no eres capaz de ver que AlfredoDeHoces.com no es un blog al uso: es una apuesta innovadora, rompedora, un referente, un paradigma, un, un… Vamos, es que me cabreo sólo por tener que explicarlo. AlfredoDeHoces.com ha sido un proyecto pionero que ha dejado plantadas y bien plantadas las sinergias que sentarán las bases del que será el marco idóneo en el que habrán de florecer los pilares que sostendrán la plataforma en la que se darán las circunstancias óptimas para que se conexionen las entelequias primordiales que garantizarán un futuro en el que todos los blogueros la tendrán de a kilo y mearan colonia. Ahí es nada.

    Y si eres uno de esos fracasados resentidos cegados por la mala leche y no se te ocurre otra cosa que pensar, estúpido de ti, que si ahora estoy apretadillo es que algo he hecho mal, he de decirte que AlfredoDeHoces.com es, ha sido y siempre será, un proyecto viable. Nuestros asesores económicos así lo confirman. Este proyecto es la absoluta panacea. La polla en vinagreta, vaya, y cualquiera con dos dedos de frente y las cuentas en la mano (y que por supuesto no sea uno de esos perdedores que a lo único que aspiran en la vida es a ver fracasar al vecino) así lo confirmará sin dudarlo un instante. De hecho están interesados en financiar el proyecto el mismísimo Bill Gates, Steve Jobs, la familia Bin Laden y un señor de Cuenca. Vamos, que esto es un no parar de generar beneficios.

    Qué ha pasado entonces, se preguntará aún algún insidioso y suspicaz individuo que a costa de ver pasar la vida sin mojar nunca el churro ha acabado volviéndose un completo paranoico. Pues que la mala suerte se ha cebado con el proyecto, simplemente. Todo estaba atado y bien atado, pero un buen día Plutón deja de ser un planeta (¿quién podría haber tenido previsto algo así?), luego va y sube el carburante, para colmo de males el equipo de alevines de San Serenín del Monte va y pierde en cuartos de final contra el Caramelos Drácula y, por si todo este cúmulo de circunstancias no fuese ya suficiente como para hundir a la corporación más sólida, en Estados Unidos van y eligen de presidente a un negro. Pa fliparlo.

    Es por esto que me veo obligado a apelar al solidario buenrollismo internetero que os caracteriza y pediros que entre todos reflotéis el barco. Que además ahora está muy de moda. Si el nuevo presidente de los USA se ha financiado la campaña a través de donaciones Internet, no veo por qué no podría hacerlo yo, que además estoy aquí para cambiar el mundo.

    Puedes realizar tu donación (la voluntad, €100 sugeridos), pulsando en el enlace al final de ala entrada:

    Si eres uno de esos asquerosos trolls que consagran su patética vida a ir por ahí criticando, difamando y haciendo daño a los hombres de bien, no te molestes en escribir ningún comentario. Si no eres capaz de ver la belleza y el romanticismo implícitos en todo esto, es que eres una persona triste de alma negra y me compadezco de ti. Me das pena. De hecho, creo que voy a llorar ahora mismo. Y luego rezaré por tu alma.

    PD. Ni que decir tiene que el propósito de esta entrada es en modo alguno publicitario o viral. Faltaría más. Vamos hombre. No sé ni cómo se te ocurre pensarlo. Pero hombre de dios, ¿qué clase de persona crees que soy? Pero vaya, que si lo mandas a menéame, o algo, pues nada, chachi-piruli-dos-punto-cero.

    [¡Salvemos AlfredoDeHoces.com!]

    La mano invisible nos ha robado la cartera

    Archivado en Columna en El Avance por adehoces, 20 de Octubre de 2008

    A partir de Noviembre empiezo a colaborar asiduamente
    con el diario “El Avance” de la Axarquía con una columna
    libre cada tres o cuatro semanas. Ésta es la primera.
    [Versión impresa]

    A pesar de que el asunto es grave no deja de tener su gracia. Uno ve por televisión las caras de decepción del personal (esos políticos sudando tinta mientras tratan de convencernos de que aquí no pasa nada, esos corredores de bolsa echándose las manos a la cabeza en Wall Street) y no puede menos que preguntarse: ¿pero qué narices esperabais?

    No será que esto no se venía advirtiendo. Unos doscientos años hace ya que Karl Marx lo dejó clarito. Matemática pura: A más B igual a C, esto se va a tomar por saco. Pero claro, de todos es sabido que Marx era la mismísima reencarnación del maligno y “El capital” pura basura comunista. Hasta hoy, cada vez que alguien ha alzado mínimamente la voz en contra de este capitalismo salvaje y despiadado que unos pocos han impuesto sobre el resto, se le han echado encima un montón de dobermans encorbatados ladrando aquello de “vivimos en el mejor de los mundos posibles”, “este sistema es la solución a todos los males”. Ya se sabe que desear que el estado instaure normas que garanticen un mundo mejor es un claro síntoma de esa enfermedad mental que tenemos todos los de izquierdas, que somos unos vagos envidiosos de las fortunas que los ricos han amasado honradamente y buscamos cualquier excusa para proyectar sobre ellos nuestro resentimiento.

    La cosa es que algunos pensábamos que toda esa falaz argumentación era puro cinismo. Que no se la creían ni ellos, vamos. Cuando nos contaron que su noble causa era ver algún día este mundo libre de almorranas, algunos sospechamos que no era más que una excusa para seguir dándonos por el culo. Pero otros, muchos millones, se apresuraron a ir a la farmacia y compraron ellos mismos la vaselina. Más o menos como sucede con la religión.

    Hoy, como ya se predijo, el barco se hunde. Esa bondadosa mano invisible que iba a velar por el equilibrio del libre mercado ha resultado ser (qué sorpresa) la mano negra de la codicia. Una mano que no ha hecho más que robar carteras, de piel y de valores, y apilarlas detrás de tabiques de escayola fresca. Ahora, si el capitán tuviera lo que hay que tener, se hundiría con el barco. Reconocería haber errado la ruta y asumiría la responsabilidad de habernos llevado directos al ojo del huracán; se aferraría al timón con dignidad y moriría por sus ideales. Pero no va a caer la breva. Sus ideales eran, efectivamente, puro cinismo. Ahora que la cosa se pone fea, los dobermans encorbatados se lamentan y con lágrimas en los ojos piden a ese estado al que siempre quisieron dejar al margen que les saque del atolladero. Y el estado va y tira de dinero público para tapar los agujeros del barco privado. Porque si ellos se hunden nos hundimos todos, y después de tantas horas de sofá y televisor de plasma ya no sabemos nadar.

    “Un paréntesis al libre mercado”, ha llegado a sugerir alguien. Pues yo, más que un paréntesis, me inclino por un punto y final. Y si es posible que se arranquen estas páginas vergonzosas de nuestra historia en la que no se ha hecho más que joder la vida en este planeta para que unos pocos puedan pasear su estulticia en flamantes coches deportivos. Pero no. En cinco años volveremos a hacer cola en la farmacia. Parece que nos gusta.